S.O.S: ¡minaretes a la vista!

diciembre 9, 2009

El lunes regresé a Zaragoza después de haber pasado unos días de vacaciones en nuestro vecino país galo. Allí escuché una noticia que, al parecer, no ha tenido aquí tanta repercusión. Cierto es que tanto en la prensa escrita como en la televisión francesa no se hablaba de otra cosa. El escabroso tema no es otro que la prohibición de construir nuevos minaretes en Suiza.
A tod@s sorprendió la noticia de la celebración de un referéndum el domingo 29 de noviembre en Suiza a favor o en contra de la construcción de minaretes en las mezquitas. Pero los propios suizos se quedaron perplejos al conocer el resultado de la votación: ganó el No por un 57%!! Mientras que todas las previsiones daban por sentado que el desenlace sería otro muy distinto.
Para todos aquellos que no lo sepan, los minaretes son esas torres de las mezquitas desde las que los muecín llaman a los fieles a la oración cinco veces al día.

Cuando escuché la noticia, debo reconocer que en un primer momento me pareció normal que saliera el No: a mí sinceramente no me haría ni puñetera gracia tener al lado de mi casa una mezquita y que todos los días a las cinco de la mañana me despertara la llamada del muecín (también me jode que me despierte el canto del gallo al amanecer cuando he ido a algún pueblo. Pero claro, no voy a cargarme a todas las aves de corral para dormir mejor…). He estado en el Líbano y en Marruecos y sé lo que es eso.
Sin embargo la cosa cambia cuando me enteré de que en estos minaretes “occidentales”, la llamada a la oración sólo se escucha en el interior del edificio, nunca en el exterior. Con lo cual, la excusa más evidente que se podría utilizar para estar en contra de la construcción de estos elementos arquitectónicos queda descartada.
Suiza, al igual que la mayoría de los países europeos, presume de ser un país laico y de dotar a sus habitantes de todos los medios para que profesen con total libertad la religión que elijan.

Sin embargo, algo está pasando para que esta realidad ya no sea así. Desgraciadamente, este no es un caso aislado y es patente el avance de la ultraderecha en los países que componen la Unión Europea.
En los Países Bajos, el Partido por la Libertad, liderado por Geert Wilders aboga por prohibir el Corán, deportar a los “terroristas callejeros Marroquíes” como él los llama, prohibir el uso del burka y cerrar escuelas islámicas; en Italia, la Liga del Norte, aliada de Silvio Berlusconi, defiende la creación del delito de inmigración clandestina… En Francia, intelectuales y políticos de izquierdas están pidiendo que se elimine el Ministerio de Inmigración e Identidad Nacional a raíz del profundo debate que quiere mantener el ministro Eric Besson a propuesta de su presidente, Nicolas Sarkozy. En la web oficial ya se pueden ver mensajes xenófobos que reclaman la recuperación de la “identidad francesa” como estos: “Francia se ha convertido en una colonia de África de manera irremediable”; “Ningún francés pidió ser invadido por extranjeros”; “Ser francés no es: sacar provecho de los subsidios sociales, no trabajar, imponer una cultura discriminatoria, pedir que se lo integre”, así como reiteradas reivindicaciones del “derecho de sangre” para obtener la nacionalidad o ataques al Islam.
En Francia, donde hay una gran comunidad musulmana, se preguntan si sería posible que se diera un referéndum como en Suiza y, en ese caso, cuál sería el resultado.

Una serie de sucesos acaecidos en los últimos años han sido el detonante de esta fobia contra la religión musulmana. El conflicto que se produjo en 2006 tras la publicación en Dinamarca y posteriormente también en Francia de las caricaturas del profeta Mahoma, que según algunos periodistas “hizo tambalearse la libertad de expresión en Occidente”, los asesinatos de honor de varias mujeres en Europa, como el de una joven kurda en Alemania en enero de 2009, el asesinato del cineasta Théo Van Gogh, el 2 de noviembre de 2004, a manos de un musulmán y las amenazas de muerte contra la diputada de origen somalí, Ayaan Hirsi Ali, en los Países Bajos, son aprovechados por la derecha más conservadora para generar un ambiente de crispación y de miedo con respecto a la religión musulmana.
Pero podríamos trasladar estos hechos a nuestra cultura “católica, apostólica y romana”: la casa Real secuestró la portada de la revista El Jueves en la que aparecía una caricatura de los Príncipes de Asturias, muchos dirán que era indignante que los hubieran dibujado practicando el acto sexual, pero deben recordar que en las caricaturas de Mahoma, el profeta aparecía con un turbante que era en realidad una bomba, así que se estaba asociando el Islam con terrorismo (algo más indignante, a mi humilde parecer); los crímenes de honor podríamos compararlos con la violencia machista que ejercen los católico practicantes (la violencia contra las mujeres nada tiene que ver con la religión, sino con la misoginia más repugnante); Théo Van Gogh fue asesinado tras la proyección de su película Submission, en el que mostraba a cuatro mujeres maltratadas y semidesnudas, cuyos cuerpos fueron caligrafiados con textos denigrantes para la mujer, sacados del Corán; pero cabe recordar también otros asesinatos, como los que se suceden en Ciudad Juárez cuando un periodista o un policía no corrupto, quiere denunciar e investigar a fondo la desaparición de las víctimas.

Desde el 11 de septiembre todo lo que tenga que ver con el Islam es sinónimo de integrismo y terrorismo. En los medios nos bombardean de noticias sobre atentados en Irak a manos de radicales musulmanes, de altercados en las calles provocados por inmigrantes magrebíes, de niñas secuestradas por sus padres y trasladadas a países árabes, de mujeres que llevan el velo porque deben cubrir su cuerpo al ser considerado algo sucio e indigno… Pero qué poca importancia le dan a las violaciones cometidas por sacerdotes católicos a niños en los orfanatos, a la mala imagen que la religión católica otorga a la mujer (su modelo es ser madre y virgen, ¡chúpate esa!), a la que por otro lado cubre también con un hábito, y no es precisamente en un país musulmán donde está encarcelada la valenciana María José Carrascosa, por haber huido de un marido que la maltrataba y haberse traído a su hija con su familia. Algunos solo escuchan lo que quieren y los medios de comunicación no hacen más que repetir como loritos día sí y día también aquello que les interesa que permanezca en boca de tod@s.

El resultado de esta votación no es sino que el resultado de la publicidad de terror y violencia que se le está atribuyendo constantemente al Islam. La gente desconfía y tiene miedo, por una mala información o por carecer de ella, y es por eso que en mayoría han votado que no a la construcción de nuevos minaretes. Una amplia mayoría de la población relaciona Islam con integrismo, terrorismo, burka, lapidación, ablación femenina… Nada más lejos de la realidad.

Las medidas que han tomado los gobiernos son de lo más variopintas: en Francia (como en Turkía) las mujeres no pueden llevar velo en instituciones públicas, en la primavera del presente, Silvio Berlusconi prohibió los kebabs en el centro de las grandes ciudades, etc.
Después del ensayo que publicó Wassyla Tamzali, argelina afincada en Francia desde hace años, en el que señala que los musulmanes laicos están eclipsados por los integristas radicales, otra periodista se pregunta: “¿Para cuándo una manifestación de los musulmanes europeos modernos contra la barbarie islamista?”. No estaría mal, pero también podríamos animar a los católicos y a los judíos a hacer lo mismo.

No pretendo con este artículo afirmar que todos los musulmanes son buenos e inocentes, porque no es así. Sin embargo, la solución al problema del radicalismo difundido por integristas islámicos no consiste en impedir los minaretes, ni los kebabs.
El gran problema reside en que los lugares de culto están básicamente subvencionados por mecenas sauditas, wahhabites o salafistas, quienes se disputan el control del Islam europeo. Son éstos los que están empeñados en imponer su visión del Islam y nosotr@s lo único que provocamos condenando su religión es hacer que los creyentes musulmanes se refugien en estas corrientes.
Sí que considero que se debería mantener un debate nacional, pero no para seguir alimentando el miedo y la rivalidad entre las personas, creyentes o no, sino con el fin de comprendernos mejor l@s un@s a l@s otr@a y aprender a convivir con nuestras diferencias.