¿Hay algo peor que el hambre?

octubre 16, 2009

              

               Hoy 16 de octubre se celebra el Día Internacional del derecho a la alimentación, un derecho claramente recogido en la Carta Internacional de los derechos humanos, aunque podemos comprobar con tristeza que más de la mitad de la población mundial se muere de hambre, mientras que un gran porcentaje de la otra mitad sufre problemas de salud por exceso de comida.
El cambio climático, causante de graves sequías y deterioro de las tierras de cultivo, la crisis económica, el uso de tierras fértiles para otros fines que no son responder a la primera necesidad que demanda el ser humano, son las principales causas de la cantidad de víctimas en el mundo por escasez de alimentos.

               Actualmente en Guatemala, la población que más está sufriendo las consecuencias de la sequía y la ineficacia de las cosechas son los niños. La hambruna que vive la población infantil en este país es desoladora, por eso, una de las claves para evitar esta situación atroz es el fomento de la lactancia. Afirman que se debe reforzar la salud nutricional de las mujeres embarazadas y prolongarlo durante el periodo de lactancia, porque esto contrarresta la desnutrición crónica que afecta a miles de niños. Muchos niños nacen con poco peso, lo cual es síntoma de una mala alimentación de la madre durante el periodo de gestación. Maritza de Villatoro, integrante de la Liga de la Leche Materna (Guatemala) recomienda seguir amamantando a los niños hasta los dos años, ya que ningún sucedáneo puede sustituir las vitaminas y los nutrientes de la leche materna.

               Los gobiernos se llenan la boca de proyectos para luchar contra el hambre en el mundo. En Guatemala existe el Observatorio de la Alimentación, que para lo único que sirve es para redactar informes y presentar una realidad de sobra conocida por todos. También han instaurado el programa “Mi familia progresa” por el que cada hogar recibe Q300 (30 €) para que puedan llevar a sus hijos a las escuelas y los centros de Salud, una limosna que en nada soluciona el grave problema que muchas familias tienen que afrontar cada día.

                Se necesitan medidas que hagan justicia de verdad y no simples gestos caritativos que lo único que pretenden es paliar una situación en momentos determinados. Está claro que mientras los gobiernos cedan excesivos derechos a grandes multinacionales (mineras, eléctricas) para que campen a sus anchas en detrimento del bienestar de la población más débil, las cosas seguirán como hasta ahora.

Algún día llegará la anhelada REVOLUCIÓN y podremos decir con orgullo que por fin “todos los hombres y mujeres somos iguales ante la ley”.


¿Quién se encargará de ellos cuando no haya solución?

octubre 14, 2009

               Hace unos días, el Ayuntamiento de Zaragoza se comprometió a combatir el botellón que se organiza todos los años a las puertas del recinto de Interpeñas, para despejar las entradas y salidas y para que aquello no parezca un estercolero. Bueno pues ya sea por el débil empeño demostrado, o por la dificultad de la tarea, el caso es que este año tampoco nos hemos librado de la penosa imagen de adolescentes sentados en el suelo, botella en mano y abandonando el recinto con las manos en los bolsillos, como si toda aquella retahíla de botellas y vasos de plástico hubiesen aparecido en el lugar por ciencia infusa. Yo soy de la opinión de que los jóvenes tienen derecho a divertirse, pero al igual que derechos, también tienen deberes y entre ellos figura el no ensuciar los espacios públicos que son para el disfrute de todos. Lo peor es cuando oyes a alguno decir que “para algo están los barrenderos, que lo recojan ellos”.

Algo está pasando en nuestra sociedad que no funciona. Ayer emitieron el segundo capítulo del programa “Escuela del 63” y al que siguió un reportaje sobre la violencia en las aulas, tanto hacia los profesores como hacia los compañeros, un fenómeno que lejos de tener sus días contados, parece que va en aumento. La falta de disciplina, el absentismo escolar, la falta de interés por aprender, la exaltación de la ley del mínimo esfuerzo, son algunas de las causas que conllevan al ambiente tan desagradable que se vive en ciertos centros escolares. La educación es una responsabilidad que muchos progenitores delegan, de manera errónea, en manos de los profesores, y después les increpan si el niño o la niña no “sale” como ellos hubiesen deseado.

Algunas personas que han visto el citado programa se han mostrado indignadas por el trato que se imparte a estos chavales por parte de los profesores. En primer lugar, a estos adolescentes se les enseña a acatar normas, algo a lo que muchos de ellos no estaban acostumbrados. Se les enseña a obedecer, a no replicar, a respetar a la autoridad que se merece el profesor. Con ello, se pretende combatir, no la rebeldía sana e inherente a la edad, sino la mala educación que estos chavales han ido adquiriendo a lo largo de los años.

Son caprichosos, consentidos, maleducados, groseros, mal hablantes, descarados… pero débiles de espíritu, pues a la mínima de cambio se ponen a llorar cuando se les da un “no” por respuesta, por la impotencia que sienten al ver sus deseos frustrados.

 

               Hace un tiempo me contaba una amiga que ejerció de docente en un centro en el conocido barrio de El Bronx (New York), que antes de comenzar a trabajar, el equipo docente le sometió a unas pruebas para enseñarle a cómo afrontar situaciones difíciles. Ella empezó a explicar la materia como si estuviera en una de sus clases, mientras el resto de los profesores hablaba, le tiraban bolas de papel, se levantaban, peleaban…En fin, todo lo que sus futuros alumnos harían durante sus clases. Cuando la situación le superase por completo, podía hacer uso de un pito que llevaba colgado al cuello y acto seguido acudiría un persona encargada de la seguridad del centro.

Por otro lado, otro dato curioso es que los días que tenía clase a primera hora de la mañana no contaba con alumnos porque estos debían someterse a rigurosos controles, que duraban una media de 5 minutos, antes de acceder al centro.

                Entiendo que el ejemplo que acabo de ofrecer es extremo y no se corresponde con la realidad de nuestros centros escolares, pero a la vista de ciertos comentarios que pronunciaron algunos de los jóvenes entrevistados en el reportaje de anoche, tampoco sería del todo descabellado pensar que dentro de unos años esta realidad se instale en nuestros colegios e institutos. Para que esto no suceda hay que poner medidas: mayor presencia de psicólogos en los centros, profesores de guardia que puedan hacerse cargo durante esa hora del alumno problemático y obligarle a cumplir un castigo para que el otro profesor pueda impartir su asignatura con normalidad, mayor implicación de los padres en la educación de sus hijos, mayor control del absentismo escolar, y crear leyes que amparen los derechos de los docentes, quienes en la actualidad están en una situación de desventaja con respecto a los alumnos.

Una buena educación no se mide solamente por el contenido de los libros de texto.